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Buenos Aires, novembro de 2001
La Nacion
Fernando Lopez
El hechizo de Ney Matogrosso
Intacto el hechizo, la voz siempre límpida y potente; la sensualidad revelándose libre en plasticidad de un cuerpo prodigiosamente joven o insinuándose apenas en la mirada, en el ademá breve o la sonrisa maliciosa, ahí está outra vez Ney Matogrosso tras una larga década de ausência de los cenários porteños. Demasiado tempo, seguramente, pero como no es un artista habituado a las conseciones, no trajo un show de exportación salpicado de hits y com aplauso garantizado: vino com el repertorio que recopiló para su ultimo CD - "Batuque", probablemente uno de los mejores de toda su carrera -, com el que há sorprendido outra vez sus compatriotas, desoyendo los presuntos madatos del mercado y rescatando del olvido un puñado de piezas de la llamada época de oro. Un repertorio que le cae como anillo al dedo, porque nadie como él há sabido jugar el juego de abigüedad, la malicia y doble intención com tanta sutileza y tan elegante desenfado. Picardia e ingenuidad conviven en los
sambas, los chors, las marchinhas que desde mediados de los años veinte hasta mediados de los cuarenta estabelecieron los moldes rítmicos, armónicos y melódicos que marcarian la expresión musical brasileña por el resto del siglo. Ney eligió titulos com la misma inteligencia, el mismo rigor y el mismo gusto refinado que se revelan en la puesta en encena, en la sintética y sugerente escenografia y en la admirable iluminación. Hay una idea en el show, la del batuquem intencionado y juguetón. Batuque no ya entendido como la antígua danza que los negros trajeron a América desde Angola y el Congo sino como la imprecisa denominación em la que cabían muchos ritmos y muchas coreografías practicadas por los negros de las ciudades com el primordial apoyo de la percusión. Y si el nombre legendario de Carmen Miranda quedó asociado al origen de este espetáculo no fue sólo porque Ney tuvo la idea de deserrollarlo a partir de su intervención en un homenaje a la estrella realizado en San Pablo sino porque ella tuvo
decisivo decisivo peso en el desarrollo y la divulgación de este repertorio. Donde no faltan, claro, temas que Carmem misma hizo famosos, como "Adeus batucada", "Coração", "O mundo não se acabou" y "Voltei pro morro". Y donde hay joyas que ya parecían irrecuperables depués de tanto maltrato internacional, como el choro "Tico tico no fubá" - Zequinha de Abreu, 1931-, que Ney pone al día, deteniéndose en el texto y devolviéndole el brillo hasta descubrirle nuevos destellos. Algo similar puede decirse respecto de sus versiones de "O qué é que a baina tem?", de Caymmi, o del viejo "Bamboléo" - de André Filho, el mismo de la eterna "Cidade Maravilhosa" - que tanto anduvo circulando no hace mucho convertido en rumba flamenca. Basta de Nostalgias Se comprenderá que en Ney no existe el menor ánimo nostalgioso. Su intención es revelar cuánta riqueza queda todavia a explorar en estas piezas sabrosas, coloridas e vivaces. Esta voluntad queda manifiesta en los magníficos arreglos - fieles e imaginativos al
mismo tiempo - que el homogéneo grupo instrumental expone com com gozosa energía e impecable solvencia; vale anotar en este sentido los nombres de Dirceu Leite, Zé Nogueira (vientos) y Ronaldo (bandolim), que tienen espcial lucimiento y que acentúan com sus instrumentos el toque distintivo del choro sobre el complejo entramado y el aire de improvisación típico de género. (Outra muestra de la independencia de criterio de Ney: haberle devuelto las letras al choro, que habia quedado prácticamente restringido a los grupos instrumentales.) Volver a hablar del hechizo escénico de Matogrosso parecería redundante. Lo uqe sí sorprende es hasta qué punto há ido decantando su acostumbrado y atrevido coqueteo com el erotismo hacia a reducir cada gesto a lo esencial. El artista brasileño transciende esa androginia un poco elemental que han explotado muchos colegas suyos, sobre todo rockeros: lo que él capta y transmite es la sensualidad en estado puro. El programa, que había abierto com una encantadora rumba-catereté
de 1931 - "De papo pro ar" - mantuvo su ritmo festivo y vivaz llevado por la movediza e incansable figora de Ney y casi de punta a punta. Los remansos- quizá pudo haber más - llegaron com el tono melancólico o densamente romántico del samba-canción ("Adeus batucada", "Teu retrato") y bajo la forma más dramática del fado, el bellísimo "Barco Negro". El último momento de quietud vino fuera de programa, después de que el artista jugara com la intención de la muy tropical rumba "El manisero" y el público, puesto de pie, colmara la sal de aplauso, bravos y pedidos. Fue "Rosa de Hiroxima" (la espléndida plegaria -canción que Gerson Conrad compuso hace treinta años sobre el poema de Vinicius). Y Ney la cantó - ya sin dorados ni purpurinas, todo de negro de la cabeza descubierta y a los pies descalzos - porque, como dijo, lamentablemente sigue siendo necesaria en estos obscuros tiempos que corren. Fernando López
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